20.9.10
4.9.10
1.9.10
Desconsolada en medio de un mundo vacío donde imperaba el miedo, se quedó allí sentada, con los ojos demasiado secos y doloridos para el llanto, pero sintiendo un frío tan gélido como si tuviera una capa de hielo adherida a la carne. Miraba a su alrededor sin ver nada. El horror que acecha en la paz del mediodía, cuando los árboles se yerguen inmóviles iluminados por un resplandor artificial, reinaba a su alrededor. Sentía su presencia delante y detrás de ella. Más allá de aquel silencio furtivo, justo en sus márgenes, discurrían aquellos seres de otro mundo. Pero ella era incapaz de percibirlos.
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