4.9.10

tu voz
en este no poder salirse las cosas
de mi mirada
ellas me desposeen
hacen de mí un barco sobre un río de piedras
si no es tu voz
lluvia sola en mi silencio de fiebres
tú me desatas los ojos
y por favor
que me hables
siempre

1.9.10

Desconsolada en medio de un mundo vacío donde imperaba el miedo, se quedó allí sentada, con los ojos demasiado secos y doloridos para el llanto, pero sintiendo un frío tan gélido como si tuviera una capa de hielo adherida a la carne. Miraba a su alrededor sin ver nada. El horror que acecha en la paz del mediodía, cuando los árboles se yerguen inmóviles iluminados por un resplandor artificial, reinaba a su alrededor. Sentía su presencia delante y detrás de ella. Más allá de aquel silencio furtivo, justo en sus márgenes, discurrían aquellos seres de otro mundo. Pero ella era incapaz de percibirlos.